Los aztecas recaudaban el tributo, o impuestos, de las personas y tierras bajo su control. El tributo incluía artículos cotidianos como algodón, maíz y frijoles, al igual que bienes poco comunes y preciosos como pieles de ciervo, plumas, oro, jade y turquesa. Se piensa frecuentemente que el oro era el material más preciado de los aztecas, pero en realidad el jade, la turquesa y las plumas trabajadas se consideraban como mucho más importantes. Estos materiales se utilizaban en obras de excepcional belleza. Los aztecas reconocieron y explotaron rápidamente la destreza de otros pueblos, como los Mixtecas del sur de México, que producían bellos libros y trabajos en oro, y los habitantes de Puebla y Cholula, renombrados por su cerámica.
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