Los aztecas tenían numerosos dioses. El soberano de los infiernos era Mictlantecuhtli, se&numl;or de la muerte. El mundo de las alturas era gobernado por Ometeotl, de características masculinas y femeninas al mismo tiempo. Los sacerdotes eran muy respetados en la sociedad azteca y su función consistía en realizar ceremonias públicas y rituales para satisfacer las exigencias de los dioses. De infausta memoria es que los mismos incluyeran sacrificios humanos, en los que el corazón y la sangre de personas se ofrecían a los dioses en señal de agradecimiento. Muchos de estos sacrificios tenían lugar en el Templo Mayor de Tenochtitlan
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